Una aproximación a los orígenes de
la conducta implica estudiarla desde sus inicios en los niños y adolescentes y
tratar de establecer su relación con factores de riesgos de tipo prenatal, perinatal,
hereditario, neurológico y neuropsicológico y de ajuste conductual temprano. A lo largo de la Historia se han diseñado
distintos modelos explicativos de las relaciones entre la función cerebral y el
comportamiento. Tomando a este como cualquier respuesta compleja que da un
organismo y que va dirigido a la adaptación del ser al ambiente.
Los cambios del organismo se
manifiestan en el comportamiento, siendo la actividad nerviosa paradigma de esta
expresión. Existen evidencias que no solo atañen a las funciones primarias del
Sistema Nervioso (reflejos, sensaciones y movimientos) sino también a
expresiones psicológicas complejas (motivaciones, emociones, lenguaje,
pensamiento y en especial la atención). La dimensión comportamental permite
inferir como se están desarrollando procesos cerebrales superiores tanto en su
funcionamiento normal como patológico; este es el caso de la atención como
proceso básico del aprendizaje humano.
DEFINICIÓN DE LA
ATENCIÓN
Aspecto de la percepción mediante
el cual el sujeto designa mecanismos hipotéticos que seleccionan en parte los
estímulos que son captados por los centros de recepción, colocándose en la situación más
adecuada para percibir mejor un determinado estímulo mientras se esperan otros
estímulos. Es la Capacidad
de concentración en una actividad específica excluyendo a otros estímulos del
ambiente[1]. Proceso
selectivo de la información necesaria, la consolidación de los programas de
acción elegibles y el mantenimiento permanente sobre el curso de los mismos[2]. Capacidad
o facultad mental del sujeto para concentrar la actividad psíquica y fijarse en
uno o varios aspectos de la realidad y
prescindir de los restantes,[3] es decir
concentración de la conciencia y selección sobre un determinado objeto.[4]
ALTERACIONES
DE LA ATENCIÓN
Datos neuropsicológicos están a
favor de múltiples funciones atencionales. Las teorías explican un gran número
de déficit atribuible a lesiones cerebrales focales en el ser humano,
describiendo entre otros trastornos específicos, los siguientes:
- Distracción: consiste en la concentración del sujeto en su vida interior, con lo que no atiende a estímulos externos.
- Distrabilidad: conocida también como labilidad, consiste en la fluctuación constante de la atención, que pasa de un objeto a otro sin quedarse fija en ninguno.
- Fatigabilidad: se manifiesta por un rápido cansancio de la atención; aunque el sujeto esté muy atento al principio, al poco rato no puede seguir concentrándose. Se debe a trastornos orgánicos como psicológicos.
- Déficit de Atención: con o sin hiperactividad e
impulsividad, objeto este de la presente investigación.
DEFINICIÓN DEL DÉFICIT DE
ATENCIÓN
El Déficit de Atención (DDA) es una condición neurobiológica
que se puede presentar en niños y adultos, hombres y mujeres de todos los
estratos socioeconómicos, niveles de educación o grados de inteligencia. Los
seres humanos podemos identificarnos con muchos de los síntomas del DDA. La diferencia, radica en la
intensidad, la duración y la manera como esos síntomas interfieren con el
desenvolvimiento normal de la vida de la persona. Se creía que era un desorden de la infancia
que se superaba en la adolescencia. Hoy
se sabe que la mayoría de las personas que lo sufren no lo superan totalmente y
persisten con diferentes manifestaciones en la vida adulta.[5] El
DDA no es un trastorno de
aprendizaje, ni de lenguaje aunque estos lo pueden acompañar.[6]
Según el DSM IV,[7] “la característica esencial del síndrome de Déficit de Atención (DDA) es la presencia de un patrón
persistente de inatención acompañada o no de hiperactividad o impulsividad que
es más frecuente y severo que el observado en niños con DDA que en cualquier otro niño de la misma edad e igual nivel de
desarrollo”. Esta conducta se hace evidente en la mayoría de las actividades
cotidianas. Las manifestaciones deben aparecer antes de los siete años de edad
y se deben presentar por lo menos en dos ambientes diferente: (escuela y casa).[8]
El déficit atencional representa el
problema de conducta más frecuente en los niños de edad escolar.[9] Aproximadamente
entre un 3% y un 5% lo padecen. El síndrome se puede presentar solo o en
combinación con otros trastornos de conducta o de aprendizaje.[10] Se
describe más frecuentemente en niños que en niñas, en una relación de 4 a 1 en la población general[11] ó
de 9 a 1
en la población clínica.
DIGNÓSTICO DEL DÉFICIT DE
ATENCIÓN
El DDA es un síndrome que ha cambiado su definición a través de la
historia, al igual que ha sido controvertida desde su denominación inicial. En 1968 en el DSM II como “Disfunción
Cerebral Mínima”, “Síndrome del Niño
Hiperquinético” o “Reacción
Hiperkinética de la Infancia”.[12] En 1980, el DSM III modificó el énfasis clínico sobre la Hiperkinesia a los
defectos atencionales (cognoscitivos) y se cambió el nombre por “Desorden por Déficit de la Atención ” (DDA).[13] En
1987 las alteraciones motoras volvieron adquirir importancia obligando a
revaluar el DSM III por el DSM III-R publicando el síndrome con el
nombre de “Desorden de la Atención e Hiperactividad”
(DDAH).[14] En
1994 se pública el DSM IV el cual se
definió como “Déficit de Atención con o
sin Hiperactividad” (DA/DH). En
el se reconocen tres grupos: el predominantemente inatento (DAH-I), el predominantemente Hiperactivo/Impulsivo (DAH-H) y el de tipo combinado.[15] (Ver
anexo No 11 y 12). A pesar de las dificultades para definir el aspecto
predominante, es claro que sus dos elementos esenciales son la atención y la
actividad motora.[16] El diagnóstico del trastorno se basa
en los criterios propuestos por la Asociación Americana
de Psiquiatría en el DSM-IV (1994). La
presente investigación se centra en el componente de inatención.
- La inatención persistente: la presentan las personas que
son desatentas y tienen dificultad concentrándose en una sola cosa, se puede aburrir con una tarea luego de
unos pocos minutos. Puede prestar atención en forma automática y sin
esfuerzos si se trata de actividades y cosas que le gustan. Pero el
concentrar atención deliberada y consciente en organizar y completar una
tarea o aprender algo nuevo les es difícil.
- CRITERIO A:
1.
INATENCIÓN: Presencia
de 6 de los siguientes síntomas en un mínimo de 6 meses:
- Incapacidad
para reconocer los detalles; con
frecuencia comete errores por
descuido en las tareas escolares.
- Con
frecuencia parece no escuchar lo que se le está diciendo.
- Dificultad
para seguir instrucciones a pesar de haberlas comprendido; por esta razón
no finaliza su trabajo.
- Dificultad
para mantener la atención en las tareas o en los juegos.
- Dificultad
para organizar sus tareas o actividades.
- Tendencia
a evitar toda actividad que demande un esfuerzo cognoscitivo.
- Extravía
los útiles o los juguetes con frecuencia.
- Se
distrae con facilidad frente a estímulos irrelevantes.
- Olvida
fácilmente las cosas que deben hacer rutinariamente.
2. HIPERACTIVIDAD: Presenta al menos 6 de los siguientes síntomas
durante un mínimo de 6 meses.
- Movimientos
permanentes de las manos y los pies.
- Se
levanta frecuentemente del puesto sin permiso.
- Corre,
salta o trepa en situaciones inadecuadas.
- Dificultad
para relajarse y quedarse quieto mientras hace pereza.
- Parece
como si tuviera un motor por dentro.
ñ. Habla excesivamente.
3.
IMPULSIVIDAD:
- Responde
verbal o físicamente antes de que se le termine de decir las cosas.
- Dificultad
para guardar turnos.
- Interrumpe
las conversaciones o las actividades de otros.
- CRITERIO B:
Algunos de los síntomas de
Inatención, Hiperactividad, Impulsividad deben estar presentes antes de los
siete años.
- CRITERIO C:
Algunas de las alteraciones o
síntomas deben están presentes en más de un lugar (escuela, hogar, campo de
juego).
- CRITERIO D:
Deben interferir con las
actividades académicas y sociales.
- CRITERIO E:
Los síntomas no se explican por
otras enfermedades generales, neurológicas, psicológicas o psiquiátricas. Además
de los síntomas incluidos en el diagnóstico hay otra serie de
características u observaciones
importantes que pueden hacer pensar en la posibilidad que se presente DDA. (Ver nota complementaria No 1)
1. Un examen médico completo realizado por el pediatra
para evaluar la salud general del niño y descartar la presencia de problemas
visuales o auditivos. Si se considera necesario se puede hacer uno neurológico.
2.
Una evaluación psicológica profesional para tener una idea
clara de la condición emocional del niño y de su potencial intelectual.
3.
Una evaluación escolar que incluya un resumen de la
historia académica y de comportamiento del niño, además de los
resultados obtenidos de las escalas estructurales (cuestionarios previamente
establecidos), y las observaciones directas en el aula de
clase. (diario de Campo).
4.
Una evaluación familiar
para las que se utilizan las escalas de comportamiento en
las que se le solicitan a los padres cuantificar los síntomas relacionados con
el DDA en el hogar y en la
comunidad.
Un profesional calificado debe
hacer el acompañamiento y un compendio de todos los datos para lograr un diagnóstico
global y real.
POSIBLES CAUSAS DEL
DÉFICIT DE ATENCIÓN
Aunque se han hecho muchas
investigaciones no se ha logrado establecer con exactitud cual es la causa de DDA. Algunos investigadores piensan que
se debe a factores hereditarios,[20] lo
que apunta a que el trastorno tiene una base genética ya que tiende a
manifestarse en familiares (el DDA
se presenta más a menudo en los hijos de padres que lo han sufrido), aún no
puede afirmarse que el trastorno sea exclusivamente genético. Otros lo
atribuyen a alteraciones cerebrales y/o bioquímicas. También se descarta que el
DDA se deba a problemas de crianza
ni tampoco el hecho de padecerlo significa falta de inteligencia o disciplina
en los niños.
Estudios biológicos sugieren un
desbalance en el cerebro de ciertas sustancias que regulan la atención presentando
niveles más bajos que interrumpen la acción de neurotransmisores como el GABA, la serotonina y las endorfinas.
Al igual que en los alelos que codifican las proteínas reguladoras de la
actividad de los receptores D2 y D4 para la dopamina, cerotonina y
catecolamina, y que activan las enzimas que transforman la dopamina en
noradrenalina en regiones críticas del cerebro y/o que el cerebro metaboliza la
glucosa (principal fuente de energía del cerebro) a un ritmo menos de lo
normal, produciendo dificultades de inatención, hiperactividad, distrabilidad e
impulsividad.[21]
Una reducción en la cantidad de
norepinefrina en las regiones posteriores del hemisferio cerebral derecho sería
responsable de la activación anormalmente sostenida de los sistemas
atencionales.[22] Probablemente el síndrome
sea el resultado de una disfunción en sistemas cerebrales que involucran más de
un solo neurotransmisor.[23]
Otras explicaciones incluyen
estudios recientes del Instituto Nacional de Salud Mental de Bethesda, Maryland
USA. (1994) que utilizaron la
Tomografía de Emisión de Positrones PET y observaron que en las personas con DDA hay una disminución importante en la actividad metabólica y una
menor actividad en las áreas y regiones del cerebro que controla la atención y
la concentración (subcorteza cerebral).
Otras teorías asocian el DDA con otras causas físicas como daño
cerebral por envenenamiento con pinturas a base de plomo, alergias producidas
por ciertos alimentos, sugieren que el tabaco y los fármacos utilizados durante
el embarazo o la exposición a las toxinas en el medio ambiente pueden también
ocasionarlo; pero los científicos no saben a ciencia cierta cuales son las
causas exactas.
El trastorno del DDA se vincula con frecuencia a otros
trastornos. Casi la mitad de los niños con DDA
(especialmente varones) tienden a padecer lo que se conoce como trastorno de
desafío oposicional, que se caracteriza por un comportamiento negativo, hostil
y desafiante. El trastorno de conducta caracterizado por agresión hacia
personas y animales, destrucción de propiedad, engaño, hurto y serias
situaciones en las que se rompen con frecuencia las reglas de juego.
Se presenta simultáneamente en
aproximadamente el 40% de los niños con DDA.
Que en ¼ de los niños (en su mayoría menores y varones) también sufren de
ansiedad y depresión, además el 25% de los niños que padecen el trastorno
presentan algún tipo de discapacidad de comunicación o aprendizaje los más
afectados son los de naturaleza cognitiva, ya que éstos precisan de una mayor
atención sostenida y relevante.[24]
Los niños con DDA tienen una dificultad mayor en la selección y focalización de
la atención y tienden a presentar un número mayor de errores por omisión.[25] De igual manera tienen dificultades para
organizar sus actividades escolares y esa falta de organización se puede
extender a la capacidad de producción narrativa, en contraste con una capacidad
normal para la comprensión lingüística.[26] Estos
niños presentan dificultad para relatar cuentos; sus relatos generalmente son
desordenados, incoherentes e inexactos.
La producción narrativa exige
metacognición o control ejecutivo, planear, iniciar, reaccionar además de
habilidades lingüísticas.[27] También
se observan efectos en la memoria particularmente en adolescentes, fundamentalmente
en el proceso de recobro de la información más que en el almacenamiento de la
misma.[28] De igual forma presentan CI totales más bajos y deficiencias en la rapidez perceptual.[29]
Además la historia de dificultades
académicas en estos niños se puede asociar con baja autoestima e inseguridad
que usualmente se mantienen hasta la adultez.[30] Alrededor
del 25% presentan problemas afectivos, usualmente relacionados con baja
autoestima frente a los continuos señalamientos o estigmatizaciones por los
fracasos académicos y sociales.[31]
[1] Luís Eduardo Téllez Ch. Ejercicios correctivos y/o preventivos
para–de aprendizaje. Pág.396.
[7] American Psychiatric Association (1994)
[8] Mónica Roselli et al (1997). Estudio de Prevalecía de TDAH en
Manizales. Pág. 6
[17] Denckla, 1989; Benson, 1991; Shue & Douglas, 1992.
Neuropsicología Infantil. Pág. 257.
[18] Zametkin et al, 1990. Neuropsicología Infantil. Pág. 260
[19] Mónica Rosselli y David Pineda. Neuropsicología Infantil. Pág.
260.
[20] Spreen et al, 1995. Neuropsicología Infantil. Pág. 262.
[21] Mónica Rosselli y David Pineda. Neuropsicología Infantil. Pág.
261.
[22] Shaywitz & Shaywitz, 1991. Neuropsicología Infantil. Pág. 262.
[23] Spreen et al, 1995. Neuropsicología Infantil. Pág. 263.