CARÁCTER DE LA ATENCIÓN
Todos los procesos cognoscitivos,
ya, sea la percepción o el pensamiento, están orientados hacia objetos, no es
la percepción como tal la que percibe, ni el pensamiento el que piensa; esto lo
hace el ser humano, la personalidad que percibe y que piensa. Por ello existe una
relación de la personalidad con respecto al mundo, del sujeto con respecto al
objeto, de la conciencia con respecto a la cosa. Esta relación se manifiesta en
la atención. La percepción es la unidad del proceso de cómo percibir y cómo ver
la imagen de una cosa o de un fenómeno de la realidad. El pensamiento es la
unidad del razonar como actividad y del pensamiento como contenido, como una
idea, una representación general, un juicio. La atención carece de un contenido
especial; ella se manifiesta dentro del marco de la percepción y del
pensamiento. La atención es una faceta de todos los procesos cognoscitivos de
la conciencia.
Dado que la atención refleja la
correlación del sujeto y del objeto, posee también una cierta bilateralidad.
Por una parte se orienta hacia el objeto, y por la otra es el objeto el que
llama la atención sobre sí. Fenomenológicamente, se caracteriza a la atención
casi siempre como una orientación seleccionadora de la conciencia hacia una
determinada cosa, esta es la principal característica de la atención.
La existencia de la atención
significa, la modificación de la estructura del proceso a la actividad orientada,
tal modificación obtiene una determinada orientación, incrementa la ‘’precisión”,
la “claridad”, la “plasticidad” y la visibilidad de lo percibido, aumenta los
umbrales de excitación de la sensibilidad y produce un sensibilización,[1] Ningún
hechos por sí sólo, sino su correlación, forman el contenido real de la
atención. La atención es, pues, aquélla modificación en la estructura del
proceso que produce una sensibilización.
Para entender el carácter de la
atención es conveniente generalizar el concepto de la sensibilización de tal
modo que no se le designe solamente como una alteración de los umbrales de
excitación de los órganos sensoriales, sino también como una alteración, o sea
un aumento (y correspondientemente una disminución) de la “receptividad” de las
impresiones, pensamientos, etc. Con el desarrollo del concepto de la
sensibilización, la definición de la atención en el proceso de la percepción
puede transmitirse también a los procesos mentales. Así también aquí la atención está vinculada a
un cambio de estructura de los procesos psíquicos, con su transformación en una
actividad orientada. La existencia de la atención significa una estructura del
proceso, en el cual se le plantea al sujeto un problema cuyo contenido guía el
desarrollo del proceso psíquico. Por ello se llega también a la orientación que
es característica de la atención. El problema planteado al sujeto y aceptado
por éste, el cual conduce sus pensamientos hacia una trayectoria unitaria, los
concentra sobre un único objeto; esto produce la concentración, con la cual se
caracteriza casi siempre la atención. La falta de atención o su distracción, en
el propio sentido de la palabra, se comprueba cuando el problema planteado al
sujeto no regula el desarrollo de sus procesos psíquicos, de modo que la
orientación de su percepción o de sus pensamientos no está regulada por el
contenido objetivo del problema, desviándose de la dirección de la actividad
que se exige por el referido problema.
La tarea de esta actividad regula por
su sentido objetivo el desarrollo de los procesos psíquicos y los concentra en
un determinado objeto que provoca una “sensibilización” pasando este a primer
plano. En eso consiste el factor central de la atención.
La atención está íntimamente
vinculada a la actividad y está implicada directamente en la conducta y en la
actividad práctica. La atención surge primeramente como vigilancia, como
disposición o presto a actuar a la primera señal, como un estado de
movilización, para poder percibir esta señal en interés de la actuación. Pero
al mismo tiempo significa también una inhibición que sirve a la preparación
para actuar.
Está vinculada al desarrollo de una
inervación tónico-reflectora suficientemente perfecta. Para la atención
desempeña un papel muy importante el desarrollo de la actividad tónica. Ésta
garantiza la aptitud para pasar rápidamente a la observación de un objeto. El
sujeto o individuo se concentra en la observación del objeto y se abstrae en el
objeto de la reflexión. Para la atención que se orienta hacia un objeto externo
movido y vinculado a la acción, es típica la mirada dirigida hacia fuera, que
sigue agudamente al objeto y mira de un lado para otro. En cambio, es
característica de la atención que está vinculada a la actividad interna la
mirada inmóvil, dirigida hacia un punto determinado y que no observa cosas
secundarias. Tras esta inmovilidad externa no se esconde calma, sino actividad,
sólo que ésta no es externa, sino que es interna. La atención es actividad
interna bajo el aspecto de una calma externa.
La atención referida a un objeto,
que es premisa de una acción orientada, es al mismo tiempo el resultado de una
actividad. Sólo al pensar y producirse una actividad que está orientada hacia
un objeto puede concentrarse la atención sobre este objeto. La atención es la
vinculación de la conciencia con el objeto, es más o menos íntima y fija; en la
acción, en la actividad, se fija la atención.
NATURALEZA DE LA ATENCIÓN
Los empiristas negaron su
existencia, porque concebían la atención como receptividad pasiva; la
psicología experimental la hace objeto de estudio considerándola como una
actividad viva de la conciencia. La atención no es considerada como una
facultad o actividad de por si, sino como un estado de mayor intensidad de las
actividades psíquicas. “Hacer atención” es una expresión impropia; siempre
significa “hacer con atención”, o sea pensar, obrar, sentir con atención.[2]
Para Ulric Neisser “la atención es
sólo un aspecto de la percepción (y de otras capacidades cognitivas)”. Para
Broadbent “el acto de percibir requiere selectividad y contempla un filtro que
elimina ciertas informaciones no relevantes”. Para Thomas y Yarbus “dicha
selectividad nos permite concentrarnos sólo en algunos detalles de nuestro
interés”. Para Allport y Wickens “la selectividad de la atención la sustenta la
atención dividida la cual nos permite realizar dos actividades al tiempo”.
Según Kahneman “esa atención depende de los recursos que sean necesarios para las
labores que se intentan efectuar”. Para Posner “Una persona puede llevar a cabo
tareas simultaneas, si el trabajo realizado dista de ser automático de manera
que demande poca atención”.
DURACIÓN DE LA ATENCIÓN
La atención, por empeñar todas las
facultades psíquicas y físicas en un grado de alta intensidad nerviosa, no
puede perdurar largo tiempo. La atención está destinada a desvanecerse; a los
periodos de concentración suceden los de relajamiento según una ley de ritmo.
Los experimentos han fijado la
duración de la onda media. Se trata de una media que tiene en cuenta las
diversas circunstancias de frescura, fatiga, salud e interés. Arrojando una
duración de la atención así:
De seis a doce años….………………..de 10 a 20 minutos
Entre los doce y dieciocho
años……...de 20 a
25 minutos
Después de los dieciocho años………de 30 a 40 minutos
Es preciso distinguir de la
atención su aplicación, que es una disposición prolongada a fijar la atención
hacia un fin a alcanzar o un deber que cumplir. Es voluntad constante evitar
las distracciones y mantener la mente
enfocada hacia un tema preciso, objeto, acción determinada. El maestro hábil
logrará despertar la atención y mantener (dentro de unos límites variables,
según la edad) la aplicación sobre un tema, dando variedad a la lección de
forma que consienta alternativas de
concentración y
relajamiento.