CARACTERÍSTICAS PRINCIPALES DE LA ATENCIÓN
Dado que la atención representa la
vinculación de la conciencia con un determinado objeto, su concentración en el
mismo, surge ante todo la cuestión del nivel de esta concentración de la
atención. La concentración de la atención señala la existencia de una
vinculación hacia un determinado objeto o hacia una faceta de la realidad y
expresa la intensidad de esta vinculación. La concentración significa el
absoluto recogimiento como expresión de la atención. La concentración de la
atención se distingue, en este caso, por la unidad de dos características, por
la intensidad y limitación de la atención.
La vinculación de la intensidad y
limitación de la atención en el concepto de la concentración parte de la
premisa de que la intensidad de la atención y su volumen son inversamente
proporcionales entre si. Por ello determinamos la concentración de la atención
sólo como una intensidad del recogimiento y no implicamos en ella la limitación
de la atención.
El volumen de la atención es, por
lo tanto, una magnitud variable. Esta magnitud depende de hasta qué punto el
contenido en el cual se concentra la atención esté vinculado entre sí, así
corno de la aptitud para vincular lógica o inteligentemente los datos o
material y estructurarlo. En la práctica, especialmente en la práctica
pedagógica, se hace patente que se debe tener en cuenta con todo cuidado el
alcanzable volumen de la atención en los estudiantes o escolares, evitando las
sobrecargas y ampliando el volumen de la atención, en el sentido de
sistematizar la materia y descubrir sus relaciones internas. Con el volumen de
la atención se halla en íntima correlación su fraccionamiento o
distribuibilidad. Si se habla del volumen, se puede acentuar, por una parte, la
limitación del campo de la atención. Mas el revés de la medalla de la
limitación, en tanto ésta no sea absoluta, es la distribución de la atención sobre una cantidad
de objetos diversos, que simultáneamente son retenidos en el centro de la
atención.
En la distribución de la atención
se trata, pues, de que ésta no se oriente sólo hacia un único centro, sino
hacia dos o varios centros en donde se puede concentrar. Con ello es posible
ejecutar simultáneamente varias acciones y seguir diversos procesos independientes
entre sí, sin perder ninguno de ellos del campo de la atención. La distribución
de la atención depende de algunas condiciones, Cuanto más íntimamente estén
vinculados los objetos entre sí y cuanto más considerable sea la
automatización, tanto más fácilmente se efectúa la distribución de la atención.
Para la determinación de la concentración y del volumen de la atención no
solamente deben tenerse en cuenta las condiciones cuantitativas.
La constancia se determina por el
tiempo durante el cual se puede mantener la atención. La estabilidad señala, su
extensión temporal. N. N. Lange demostró que “la atención está supeditada, en
principio, a involuntarias oscilaciones periódicas casi siempre de dos a tres
segundos, alcanzando un máximo de doce segundos”.
Para Helmholtz “la atención está
menos sometida a oscilaciones y es más estable si nos dedicamos a determinadas
tareas y por medio de operaciones intelectuales descubrimos un nuevo contenido
en el objeto de nuestra percepción o de nuestro pensamiento”. La concentración
de la atención no significa que nuestro pensamiento permanezca en un punto,
sino su movimiento en una sola dirección. Para que la atención por un objeto se
mantenga, la toma de conciencia de éste debe ser un proceso dinámico. El objeto
debe desarrollarse ante nuestros ojos adoptando o descubriendo cada vez un
nuevo contenido. Sólo un contenido que se transforma y renueva es apropiado
para mantener y persistir la atención.[1]
Si el pensamiento pasase solo de un
contenido a otro, más bien se podría hablar de distracción que de concentración
de la atención. A fin de que se produzca una atención constante o estable,
evidentemente es necesario que el diverso contenido se implique en una unidad
mediante complejos de relación. Entonces permanecerá concentrada en un objeto,
a pesar de pasar de un contenido a otro. La unidad de la relación objetiva se
vincula con la unidad de contenido objetivo. La atención constante es una forma
de la conciencia objetiva. Tiene por premisa la relación de un variado
contenido. Así, la vinculación significativa que reúne el variado y dinámico
contenido en un sistema más o menos ordenado, recogido en un centro y referido
a un objeto, forma las premisas fundamentales para una constante atención.
La constancia o estabilidad de la
atención, dependen de varias condiciones como: las peculiaridades de la
materia, su grado de dificultad, la familiaridad con ellas, su
comprensibilidad, la postura del sujeto con respecto al material, es decir la
fuerza de su interés y, finalmente las particularidades individuales de la
personalidad. La estabilidad de la atención no es equivalente a la inmovilidad,
ni tampoco incluye el cambio. La aptitud del cambio de la atención consiste en
la aptitud de cambiar rápidamente de una postura a otra nueva que
corresponda a las cambiadas relaciones.
La aptitud para cambiar señala la agilidad de la atención, que es una
característica sumamente importante, y a veces muy necesaria.
La aptitud de cambiar, lo mismo que
la estabilidad y el volumen de la atención, como la atención en conjunto, no
son funciones que deriven de si misma. Son un aspecto de la compleja y
condicionada actividad de la conciencia, y ello a diferencia de la distracción
y la distracción de la atención no concentrada en algo y de la atención
inestable, que es incapaz de orientarse prolongadamente sobre un solo objeto.
La aptitud para cambiar significa un consciente, lógico desplazamiento de la
atención de un objeto a otro. La aptitud, fácil o difícil, para cambiar depende
de numerosas condiciones, entre otras de la relación existente entre la
actividad precedente y la siguiente, y de la relación del sujeto con respecto a
ambas.
Las diferentes características de
la atención, concentración, volumen y divisibilidad, aptitud para el cambio y
estabilidad son independientes entre sí en gran medida. La atención se
caracteriza generalmente como una orientación selectiva de la actividad
psíquica, es decir, como expresión o manifestación del carácter selectivo de
los procesos cognoscitivos. A esto puede añadirse que la atención no expresa
tan sólo el volumen de la conciencia, dado que en ella se manifiesta el
carácter selectivo de la conciencia, sino también expresa su nivel, o sea el
grado de la intensidad y agudeza.
La atención está inseparablemente
vinculada a la conciencia en total. Por ello está intrincada, como es natural,
con todos los aspectos de la conciencia. En efecto, se manifiesta muy
claramente la función que desempeñan los factores emocionales en su dependencia
del interés, que tan importante es para la atención. Ya se ha hecho hincapié en
la importancia de los procesos mentales, sobre todo para el volumen y la
constancia de la atención. La participación de la voluntad halla su expresión
directa en la atención voluntaria.
COMPONENTES DE LA
ATENCIÓN
Mantenimiento de su nivel.
Es de naturaleza no selectiva; esta atención sostenida corresponde a la
vigilancia llamada también alerta (arousal).
Es un mecanismo endógeno que se refiere a una disposición general del organismo
para procesar información.
La orientación. Como proceso que permite dirigir el foco de atención hacia una
determinada fracción del mundo exterior. Es entonces, la selección de la
información que se hace necesaria por el simple hecho de que no todas las
informaciones que se presentan, pueden ser tratadas simultáneamente. Esta
atención selectiva corresponde a una selección que va a clorar una cierta
información, un determinado conocimiento y se encuentra entonces en directa
relación con los mecanismos específicos de tratamiento de información, pero
respondería a un sistema diferente.
Asignación de los recursos atencionales.
Dependiendo de las
demandas de las actividades particulares, dada la evidente complejidad que existe
para coordinar las operaciones que son necesarias para organizar la conducta;
esto implica la existencia de un sistema supervisor ejecutivo de la atención.[2]
ELEMENTOS DE LA ATENCIÓN

La orientación. Está a cargo de neuronas del
colículo y de la corteza parietal. El colículo superior hace que los ojos giren
hacia un nuevo estímulo, en tanto que la corteza parietal se encarga de
desligar la atención de este estímulo momentáneo. El daño del colículo superior
puede causar apraxia oculomotora, estado en el cual los ojos no se pueden fijar
sobre ningún objetivo. Por el contrario, el daño en la corteza parietal puede
hacer que una persona sea incapaz de desligarse de un estímulo.

El enfoque. Surge desde el pulvinar lateral, una parte del tálamo que opera un
poco como foco rastreador, girando para iluminar el estímulo. Una vez que el
estímulo ha sido localizado, el pulvinar manda información de ese estímulo a
los lóbulos frontales, que entonces se fijan en él y también mantienen la
atención. Por ello para Wundt “la atención divide nuestro campo de percepción
en un foco y un margen; lo que percibimos con claridad está en el foco,
mientras que lo que percibimos vagamente está en el margen”.[3]
